Después de todos estos años, he aprendido que la vida no es lo más valioso que tenemos, sino las personas con las que la compartimos. He aprendido que la valentía no es algo con lo que se nace, pero gracias al miedo que sentimos, nos hacemos fuertes a nosotros mismos. Nacemos cobardes, pero nos convertimos en personas fuertes. Son nuestros fracasos los que nos hacen grandes y la esperanza de alcanzar aquello que añoramos lo que nos mantiene vivos. Es la llama que sentimos en nuestro interior al ver a esa persona tan especial para nosotros, la que nos hace amar la vida. Y es el amor que sentimos el que nos hace mirarla con otros ojos. Lo más valioso del mundo no es lo que tenemos, sino a quienes tenemos a nuestro lado. Quiero dar las gracias a todas y cada una de las personas que de una manera u otra forman parte de mi día a día, porque son ellas las que realmente le dan sentido. La felicidad no se encuentra fuera de uno mismo, porque nació con nosotros, pero hay personas que te marcan tanto, que sólo con lo que logran hacerte sentir, contribuyen enormemente a ella.

La felicidad es estar en paz con uno mismo y ser fiel a tu corazón.