Las heridas de tu amor se abrían de par en par sobre mi pecho,

mientras tu sonrisa se asomaba por encima de mis vértebras.

El dolor de tu ausencia descolocaba mi sistema inmunológico,

como el mecanismo de un reloj.

Fuiste tú,

la verdadera luz que nublaba mis sentidos

al esfumarte ante mis ojos.